Este micro está “fuera de servicio”

Colección Pisa y Arranca, de Mitocondria

En los 20 segundos que quedan de rojo en el semáforo, corro una cuadra para alcanzar al bus en el paradero de Aviación con San Borja Sur. Cuando llego, la cobradora y el chofer ni me miran. Mientras se agota el tiempo en el semáforo; golpeo la ventana con los nudillos hasta que por fin, la mujer me hace caso:

– ¿Dónde vas?
– ¿Por qué? Voy por tu ruta. Voy a Barranco.
– Hasta Óvalo Higuereta nomás voy.

Ya sé cómo acaba esto. Antes de que arranquen, alcanzo a protestar: la ruta es hasta Chorrillos. Aunque lleva varios pasajeros, la cobradora me responde “la unidad está fuera de servicio”. Pasarán al menos quince minutos hasta que consiga un bus a Barranco.

SO35: la tremenda ruta
SO35: la tremenda ruta (buscaturuta.com.mx/pe/lima/ruta-SO35)

La SO-35 es una ruta larguísima: Carabayllo-Chorrillos. Está considerada como uno de los recorridos estructurantes en el transporte público de la ciudad (ver p. 24 del estudio de corredores complementarios de protransporte) Es muy usada por estudiantes universitarios (recoge de los campus de San Marcos, PUCP, y ahora UPC en San Miguel), y entre Surco y Barranco funciona como un ‘urbanito’, un servicio casi barrial para ir al mercado de Surco, o al cementerio). Entiendo que la empresa que la opera (E.T. SERV.COM.IMPOR.Y EXP.MACHU PICHU S.A. a.k.a “Machu Pichu”) no opera ninguna otra en la ciudad.

SO35

Como se sabe, lo que en un sistema racional de transporte se absorbe, se equilibra o se subsidia, en un para-sistema como el que sufrimos en Lima, se convierte en sobrecosto para el operador. Ejemplos: pasajeros de punta a punta, pasajeros que pagan medio. Son parias, plomos, indeseables. Sobrecostos. Bultos. Y los operadores resuelven trasladando el sobrecosto al usuario.

En las horas ‘valle’, y en las noches con afluencia de universitarios, la Ruta SO-35 se divide informal, a veces tenuemente, en dos: del paradero inicial/final a la mitad funciona un tarifario, y trasgredido ese límite económico, aparece el pasaje “directo”. De la mitad al paradero final, se ‘corta’: te dicen que se malogró, que tomes otro carro, que ya no van o, peor, que pagues OTRO pasaje).

Págame de nuevo, si quieres continuar tu camino.
¿Quieres continuar tu camino?

En fin, todo esto consta en los estudios de embarque/desembarque y en la literatura gris sobre informalidad en el transporte público en Lima.

Lo que me ocurrió a mi esta mañana (no es la primera vez, y sé que no será la última) es otra consecuencia de esta negativa del operador a absorber el costo de mi traslado. No soy un bulto, ni un plomo. Soy un fantasma. O un estorbo para lo que viene.

El mecanismo es el siguiente: según se comporte la demanda, las unidades de estas rutas con segmentos/momentos-no-rentables (como el mío: San Borja, 9:30 am) quedan “fuera de servicio” por decisión del operador. En el caso de la ruta SO-35 (y otras que se traslapan con esta en Surco) este “fuera de servicio” puede ocurrir en el tramo Angamos-Javier Prado, y ‘vuelve al servicio‘ recién en Higuereta, o Av. Benavides. Y si no encuentra suficientes pasajeros, está a tiempo de pedir a los plomos que se bajen, y reiniciar el servicio en el siguiente paradero, o incluso cambiar de carril para hacer el camino de vuelta. Allí resultaría un problema tener un pasajero que exceda ese tramo, o una persona mayor o con niños, que complique “solucionar”. En las noches esta situación es más que frecuente. Y lo rentable es ‘hacer paradero’ (léase, chantarse) en Marsano con Ayacucho (para recibir la descarga de la estación del Tren) o en Óvalo Balta. 

Un ejemplar de la Machu Picchu. La imagen no corresponde a la unidad/fecha del incidente que narro aquí (tomada de salvemosbarranco.blog.com)
Un ejemplar de la Machu Picchu. La imagen no corresponde a la unidad/fecha del incidente que narro aquí (tomada de salvemosbarranco.blog.com)

A diferencia de los sistemas de taxi online/app, cuyas quejas se viralizan en minutos, la situación de los usuarios mal servidos del transporte público pasa por debajo del radar. No trae miles de clics, ni legiones de trolls, y por tanto, no obliga a las empresas a presentar explicaciones a los usuarios, o al público en general. Pero ocurren todos los días, a toda hora, en toda la ciudad. Estamos tan terriblemente acostumbrados al desastre que es el transporte público en el Perú, que nos damos por bien servidos si llegamos vivos y sin que nos paleteen o nos roben. Quejarse porque no te dejaron subir al bus o porque te bajaron a mitad de ruta es una sofisticación, a lo mucho tema para el meme de “no fuiste estudiante si…”.

Sin embargo, esta normalización del maltrato y la irracionalidad en cómo nos movilizamos todos los días millones de personas dice mucho de nuestro estándar sobre lo público y sobre la experiencia de usuario. Creemos que sólo podemos reclamar (y que debemos ser atendidos) si es un bien de consumo privado (una cucaracha en mi pizza, un pericote en mi quentaqui, mi hamburguesa remojada, mi tarjeta del banco). Pero estamos desorientados y desprotegidos en nuestra experiencia de uso de los bienes públicos. Ganaríamos mucho como sociedad si la exigibilidad a la que está sometido nuestro consumo privado de clase media, se trasladara a nuestro uso de lo público.

¿Este servicio existe? ¿Es viral?
¿Este servicio existe? ¿Es viral?

Sí, el debate (?) sobre las colas para abordar el Bus Azul, promovido malamente por la prensa castañedista, fue nada más un hipo en nuestra historia colectiva.