Marea cultural

Augusto Rubio/ Enero de 2011
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Las últimas horas del primer feriado largo del año termino de leer (en realidad leo de un tirón) “Sueño de pez o neblina” (Álbum del Universo Bakterial, 2010), el primer poemario de Teresa Cabrera, libro donde es posible apreciar la mirada periférica capitalina en los ojos de una joven socióloga-poeta que nos remite a las emociones y a la vida cotidiana e intimista de los migrantes.
El ojo de pez recorre la estrecha e invisible frontera entre la bruma del sueño y la ciudad hondamente vivida; el ojo de pez explora y descubre, escarba en la arena, se interna en los botaderos de basura, en los nosocomios y en los cementerios clandestinos; el ojo de pez es un ser onmipresente, es testigo de excepción de la ternura de los seres humanos (aunque aquéllo no resuelva mucho) ahogándose en vida cotidiana, en el hervor de las losas deportivas de barrio, en las urgencias que plantea siempre la existencia.
A Teresa Cabrera le van a pedir siempre en los recitales que lea “Como cualquier peruanito“. Para quienes deseen saber algo más de la autora basta visitar Lima-Mala-Lima o darle una leída a estas líneas publicadas en Urbanotopía:
Nací en 1981, en una familia de seis hermanos, que por estos días continúa su expansión en número y cariño. Estuve en Barrios Altos hasta los 19 años y luego he vivido como hasta en seis o siete lugares distintos en el centro y el norte de la ciudad de Lima. Tengo formación en sociología, debida tanto a mi accidentada estancia en la Universidad de San Marcos como a las personas con las que he aprendido del Perú en el trabajo mismo, suerte apreciable en un país donde trabajar en algo para lo que uno estudia y seguir aprendiendo es un privilegio. Debo decir también que, parte de entender que es un privilegio -golpe avisa-, se lo debo a mi filiación socialista, hoy huérfana de militancia. No he publicado un libro, pero he sido acogida en algunas plaquetas e invitada a recitales y webs, suerte también apreciable por similares razones a las arriba citadas. Me he vengado en algo de mi desconocimiento del sur de la ciudad al estar empleada ahora en el programa urbano de Desco, con base de operaciones en Villa el Salvador, donde, además de cubrir parte de la frejolada, tengo oportunidad de reflexionar y, eventualmente, escribir.
Me ha dado gusto leer este libro, el primero que consumo en el nuevo año.Me reconforta saber que la poesía peruana sigue latiendo aprisa, que cada día más y más jóvenes apuestan por la escritura”para no perder el equilibrio o la razón” y “aprietan contra su cuerpo sus libros”, sus armas (lo único que les queda), sus vidas…
como cualquier peruanito
amor o madre aguardo
como cualquier peruanito
su forma de pan en el desayuno
u otra presencia
aún más olorosa y divina.

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