Lima

población. es una ciudad de c̶e̶r̶c̶a̶ ̶d̶e̶ ̶8̶ ̶m̶i̶l̶l̶o̶n̶e̶s̶  9 751 000 habitantes en un país de c̶e̶r̶c̶a̶ ̶d̶e̶ ̶2̶7̶. más de 30 millones. haga cuentas.

geografía. se ubica en la costa central del perú. como dice el poeta cisneros el mar está muy cerca, hermelinda, pero nunca tendrás la certeza de sus aguas revueltas, su presencia habrás de conocerla en el óxido de todas las ventanas. en otras palabras, menos poéticas, es una ciudad de vive de espaldas al mar.

lamida por los tres breves valles de los ríos rímac, chillón y lurín, se extiende en realidad sobre un desierto. es una tregua en el arenal, según escribiera uno de sus hijos, salazar bondy, muy mentado por haberle sacado lustre al chaplín que al firmar unos versos, el poeta césar moro, le puso a lima: “la horrible”.

morfología. el epiteto ha sido muy usado, a menudo literalmente, por ejemplo para referir su profusa imaginería arquitectónica, su desordenado crecimiento o el extravío de sus gentes, especies que nunca escasean. en buen número de ocasiones, en ese uso literal se expresa un ánimo conservador que invierte por completo el sentido que le quiso imprimir el tal salazar bondy, cuando c̶u̶a̶r̶e̶n̶t̶a̶ ̶y̶ ̶c̶i̶n̶c̶o̶ ̶a̶ñ̶o̶s̶ ̶h̶a̶, hace medio siglo, tituló así un conjunto de ensayos en los que renegaba del alevoso apego a la fantasía de la arcadia colonial. hoy ese ánimo conservador existe, aunque tenga otros referentes. se recurre a la imagen de la bullente ciudad fenicia, artefacto de la modernidad de los cholos, para ilustrar lo horrible, olvidando que el paisaje se completa -no se opone- con las plataformas de consumo (mega-park-plaza) que aterrizan en cualquier momento en cualquier barrio, ni con las islas producidas con fines de autopreservación de clase.

clima. en lo que al parecer si hay un acuerdo generalizado es que el adjetivo de horrible le ajusta al clima. juan de arona le escribió una rima que ayuda a entender el asunto: el clima en cuya atmósfera me baño/ es un clima admirable, sin más pero,/que un dulce malestar de enero a enero,/y un estarse muriendo todo el año.

si bien el servicio metereológico hace las precisiones necesarias, es usual valerse de metáforas y figuras para referirse al tiempo, que no presenta más variaciones que las que impone el calentamiento global, sobre una regularidad definida como gris. así, es famosa y ampliamente aceptada la frase que describe el cielo limeño como un “gris panza de burro”, aunque apuesto a que mis conciudadanos, como yo, han tenido pocas oportunidades de hacer una comprobación. en realidad el cielo limeño se compone de diversos tonos blanquecinos durante toda la mañana y casi toda la tarde, adquiriendo el angustiante y desordenado plomo de los pericotes de casona (esos sí he visto), a partir de las cinco y media o seis de la tarde en la estación fría.

es que en realidad no es cielo, sino algo que no deja ver el cielo. una densa capa de nubes. como en el rito de contar ovejas saltando la valla para quedarse dormido, imagine estas nubes como ovejas, mas bien borregos caóticos, incapaces de saltar la valla y pasar al otro lado de la cordillera. y jamás llueve. a cambio garúa, o llovizna y hay una tremenda humedad, que victimiza gargantas, pechos y pulmones. luis hernández, otro poeta, escribió al respecto: lima: serpentinas/bruma/neumococos.

las estaciones ocurren, pero no son muy acentuadas. la primavera, si nos atenemos a la pluma sensible del amauta josé carlos mariátegui, es anodina, neblinosa, gris, indefinida y cobarde. la apreciación, antigua ya, sigue vigente. los inviernos -citamos a arguedas, para equilibrar- son nublados y fúnebres, y cuando repentinamente se abre el cielo, al atardecer, algo queda de la triste humedad en la luz del crepúsculo. El sol aparece inmenso, sin fuerzas; se le pude contemplar de frente.

administración política. nadie entiende, pero si me pregunta, yo le puedo explicar.

otras referencias. acuda a wikipedia o consulte entre los contenidos de este blog.

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