Camina el autor por Barrios Altos

¿Qué más contemporáneo que pintar lo que hay a nuestro alrededor?Enrique Polanco

Usando Pixlr y Giphy hice montajes por pares de cuadros de Enrique Polanco, combinando las series Postales de Lima, Obra reciente y Camina el autor, con las imágenes compartidas por el artista en su cuenta de Facebook, su blog y en la web de la galería Yvonne Sanguinetti.

“Camina el autor”, que se exhibió de abril a mayo en Barranco, es la nota más alta en el potente juego de referencias que constituye la obra de Polanco.

El pintor se alude a sí mismo. Interviene su propia escena. Para su versión del edificio El Buque, rompe la quietud del cielo con la luna y el rayo y agrega a la desolada esquina un elenco espectral. Esta vez no hay fantasía, no hay carnaval, solo una decadencia en la que superpone, a la vez que sitúa, a un escalado/miniaturizado/colorido Guaman Poma.

“Camina el autor” no queda en mero préstamo de la quilca autobiográfica del cronista, es la reiteración de la condición de testigo desde la que pinta y es la estrategia discursiva para introducirse en lo pintado. “Poma, que está caminando en todos estos cuadros, soy yo. Así de simple“, ha sentenciado Polanco.

Nefertiti-Guaman Poma (en bazar suelo de la escuela de Bellas Artes)

Camina Polanco, el autor. Camina por los paisajes de su propia obra y camina también por una urbe apolancada en la que los nativos encontrarnos a Lima: El Rímac, El Agustino, La Victoria, Barrios Altos. No es la tentación de lo real. Es que lo real ha sido absorbido. Es un personaje.

quinta heeren/ quinta heeren con ‘loco’

Camina el autor: visita los desvencijados íconos -el edificio El Buque, el mirador de Ingunza- contempla la arquitectura roja, fantástica, vertical; se coloca a cierta distancia de berracos, achorados, maleantes y sicarios y en la convivencia forzada del plano se cuida del contacto con tapadas, nobles y virreyes. La pregunta de Ribeyro sobre la ciudad de Polanco (“¿dónde están sus habitantes?”) ya ha sido respondida. El caminante evade lo mismo a un arpista de Chambi, iluminado y solitario en la Alameda de los Descalzos, que a su propia creación, la alegórica calavera que desde el díptico dedicado a Heraud vino a parar al terrible Jirón Lucanas.

El Mirador de Ingunza, en el Rímac, viene de regalo en este post

Vuelvo a la afirmación de Polanco: ¿Qué más contemporáneo que pintar lo que hay a nuestro alrededor?. El asunto vibra en las dos recreaciones del devastado jirón Lucanas (Barrios Altos) incluidas en “Camina el autor”. Pintura de pintura en la muralización de la cuadra 5 de Lucanas, pintura de pintor en el terreno en escombros que esconde un portal infernal en el que está a punto de fundirse La República. Y en la pintura como en la realidad, por imposición, los temibles “depósitos” barriosaltinos, esas moles de ladrillo y cemento, son ya parte del paisaje, junto a la destrucción que los anuncia.

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