las mujeres y los postes – nuestra comunicación urbana

para el cc. roberto, que lleva la cuenta de las investigaciones que nunca haré

Hospital Rebagliatti - Jesús María
Hospital Rebagliatti - Jesús María

poco tiempo después de escribir el post previo -“las mujeres y los postes”- recibí un par de comentarios interesantes a mi casilla de correo (circulé el post también por una lista de interés). uno de estos comentarios (de mi amiga irma pflucker) se detenía especialmente en lo que yo había escrito sobre el cuerpo femenino, señalando que es una “valoración cerrada”. transcribo lo sustancial del argumento:

La mayoría de estos establecimientos (muchos clandestinos) donde se hacen no solo las famosas bajadas de emergencia, o la venta de los potententes revividores del muñecon o muñequito (según sea el caso) Sino también están los populares adelgazantes o las siliconas por litro, las operaciones a las chichis, a las pompis, a la nariz aguileña, la lipo, el botox o todos esos menjunjes para curarte de la artritis, reumatismo, cáncer al colon, los ovarios, próstata, etc. están dirigidos abiertamente a públicos diversos sean masculinos, femeninos, heterosexual, homosexual, gordo, flaco, feo, lindo, etc. Y refieren directamente a su cuerpo, a su organismo, a su salud. Ya sea para aumentar, eliminar, transformar, levantar, mucha gente está acudiendo a estos centros para resolver “su problema”. ¿Por qué?… porque a qué otro lugar podría ir alguien que carece de recursos económicos. Esto no pretende ser un justificante, es lamentable el alto riesgo al que exponen su vida quienes por diversos motivos acuden a estos anuncios. No quiero cuestionar a la gente que recurre a ellos, menos desde una entrada moralista, si lo hacen, ya sea por urgencia, por necesidad o vanidad, cualquier persona tiene el derecho de hacer con su cuerpo lo que desee y asumir las consecuencias de sus decisiones

Por ende creo que no debemos generar una valoración tan cerrada sobre las experiencias que son vividas por quienes tomaron al fin y al cabo una decisión, me refiero a ese párrafo donde dices” no me resulta una buena comparación, pues el cuestionamiento de la potencia sexual en un varón no tiene ni de lejos el mismo significado vital -ni las implicancias éticas- que la experiencia de un embarazo no deseado.” Creo que seguir reproduciendo la lógica de encontrar “la más victima entre las víctimas” termina (queriendo o no) siendo una práctica discriminadora y excluyente. No pretendo invisibilizar a nadie, Al contrario reconociendo sus especificidades creo que es importante tener claro que para cualquiera de los casos el alto riesgo al que exponen su vida cuando acuden a esos sitios es el mismo.

A ver si lo puedo decir con más claridad: más allá de la búsqueda de la víctima entre las víctimas, o el subalterno entre los subalternos (siguiendo la crítica a la onda de los estudios culturales), lo que opondría a lo que me plantea mi comentarista (esto es, que mi forma de acercarme al problema en el planteamiento de mi ensayo fotográfico es discriminador y excluyente) es algo que quizá, de puro obvio, no escribí: el señalamiento moral, el estigma, recae sobre el cuerpo de la mujer. el afán por una herramienta sexual “more longer and bigger” no merece dos palabras, por ejemplo, de la iglesia católica, ni una sostenida campaña de los sectores conservadores por controlar el discurso sobre el tema en los manuales escolares, que desata de vez en cuando escaramuzas entre los bandos involucrados y guerras sicológicas en las oficinas de los ministerios de salud y educación, habitados por fieles creyentes y militantes católicos. en ese registro de preocupación pública, no me parecen dos hechos comparables, aunque lo sean en la situación de desinformación y falta de recursos (y de capacidad de movilización de recursos) que se señalan como características comunes en la decisión de optar por los servicios referidos..

de otro lado, los cambios “estéticos” (hacerse “más bello”, “producirse” el cuerpo, “corregir” un defecto, remarcar un atributo) merecen otro tipo de condena, por ejemplo, que se trata de frivolidad, de ser materialista, superficial. otra variante de la critica, cuando se trata de acercar al paciente a cierto modelo de belleza, apunta a señalar a éste como alguien que niega su origen (que es una forma de revestir que lo que horroriza es que niegue su “destino”, como apunta la reflexión de willy nugent sobre bob lópez)

un argumento completo sin duda debe partir por considerar la ausencia de un servicio de salud público decente (y de un sistema privado accesible y democrático, es decir, que no se bandee en los extremos de la estafa y el lujo), pero mi ensayo no intenta ser la última palabra, sino simplemente un acercamiento, no desde el hecho real de la exposición de la salud, sino desde el hecho simbólico de la exposición de la oferta “velada” de intervención clínica (real o potencialmente peligrosa) sobre el cuerpo femenino, una intervención que es, por decirlo de manera sucinta, polémica.

Av. Revolución - Villa El Salvador
Av. Revolución - Villa El Salvador
Monumento a la Mujer - Villa El Salvador
Monumento a la Mujer - Villa El Salvador

quería retratar mi perplejidad ante la abundancia del avisaje que nos da cuenta de un “mercado” que al ser negado sistemáticamente por las políticas de salud realmente existentes, es paradójicamente producido por ellas. elegí como medio el registro fotográfico porque era la salida más próxima a mis posibilidades de producir reflexión al respecto. pensé sin embargo que una línea pendiente podría ser explorar la ubicación, distribución, periodicidad o la concentración de este avisaje, pero mientras mi flojera, disfrazada de científica, me hacía poner en duda la utilidad o productividad de esas preguntas, o incluso la viabilidad del método (sí, hasta allí llego a veces), mejor saco la cámara a la calle, me dije.

lo que he querido relevar en el planteamiento original, lo que trataba de argumentar mediante el registro fotográfico y no necesariamente mediante el texto (espero que las fotos en este post se defiendan mejor), es que revelamos lo que somos como sociedad urbana (en nuestras formas de comunicación en las calles) en la forma de publicitar un servicio de este tipo, ofertándolo en ese formato que combina:

  • soporte económico de papel de poste, diseño escueto, fotocopia o impresión lo-fi: la baratura asociada a la clandestinidad, la clandestinidad al riesgo o el teóricamente inestable retorno de la inversión, lo que habla bastante de las dificultades en las que se forman y consolidan los mercados “informales” (no alcanzados por una política pública en el perú o no convertidos en una). ¿el soporte feble es la expresión de un tipo de mercado de servicios?

fuera de las opiniones que se puedan tener acerca de tratar en estos términos el asunto, si hay oferta y hay demanda, es un mercado y algunos elementos tendrá en común con otros mercados “informales” (informales en el sentido precisado líneas arriba) que nos permita entender mejor este “sistema” (comparar con mercados como el que rige actualmente para el transporte público interprovincial en perú, los espectáculos públicos de música popular en el mismo país)

  • juego, mas bien trampa de palabras. de un lado el evidente uso del eufemismo “atraso menstrual” para nombrar el aborto o interrupción de la gestación, de otro lado el uso de términos que son guiños a la publicidad de “productos” (clichés: “100% garantizado”, “solución inmediata”, “en 24 horas”) y de cierta gráfica elemental (los rótulos que enmarcan estos slogans). un número de teléfono, indicando a veces si es fijo o celular.

la situación que compone el formato, tanto como la práctica que indica, como ya pueden haber concluido, más que estrictamente pública, es desembozada, como tantas cosas en lima mala lima.

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