LIMA MALA LIMA

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LIMA PARAquién / LIMA PARAdojas

Junio 18, 2009 · Dejar un comentario

Es el título de un artículo que Juan Tokeshi y Mario Zolezzi publicaron en la Revista Quehacer (Nro 141), en el ya lejano 2003. Un repaso, entre cuestionador y esperanzado, de lo que se movía en Lima a cien días de iniciada la administración Castañeda. No es una evaluación de los cien días, sino una toma de temperatura a través de algunas de las imágenes recurrentes de nuestra modernidad mestiza (hostales, chifas, “plazas”, cabinas de internet…) que aparecen breves y contundentes para ilustrar el logro, pero también la contradicción y el reto entre el dejar hacer y las débiles políticas urbanas.

Al final del artículo, los autores proponían una “hoja de ruta”, que pongo a consideración del eventual lector, para ver por dónde se ha avanzado y por dónde andan las trabas, poco más de un lustro después.
1. Apostar por crecer en intensidad (consolidación) por sobre la extensión. De 110 hab./ha se requiere incrementar su densidad al doble, cambiar el patrón de crecimiento horizontal a vertical (densificación ordenada).
2. Buscar una ciudad densificable y reciclable, que pueda dar uso intensivo y reutilización a sus espacios y diversificar los usos urbanos.
3. Constituir una ciudad integrada y no segmentada. Se requiere integrar las varias Limas, o generar sinergias con las varias Limas que hoy se enfrentan, articulando los espacios económicos a la dinámica de la ciudad.
4. Aprovechar las huellas constructivas existentes, potenciando sus capacidades y ahorrando recursos. Las políticas deben ser menos viviendísticas y más de hábitat / urbanísticas.
5. Dar respuestas al tema del tratamiento de los espacios públicos, como generadores de encuentros, símbolos de la colectividad y factor estructurantes.
6. Fortalecer la vida comunitaria, la participación reflejada en gobernabilidad, limitando la gobernabilidad «mediatizada» (los límites de las mesas de concertación son claros, los presupuestos participativos son un reto para vigorizar el tejido social)
7. Planear los bordes o fronteras de las ciudades (también de las ciudades intermedias, integrando lo rural con lo urbano).
8. Elaborar nuevas consideraciones sobre la ciudad informal, precisando el fin del modelo barriada (la indiferencia de los gobiernos de sólo dar tierra…).
Lo que pienso ahora, al releer una pregunta del artículo (¿dónde estamos conversando sobre estas cosas?) es que en estos años la información ha circulado más y hay -es mi humilde opinión- una mirada más asentada de Lima sobre Lima (expresada en cierta producción intelectual, muchos activismos, más las imágenes, identidades y preocupaciones que circulan vía web 2.0). La “limeñidad” ha sido secularmente sinónimo de centralismo, mas hoy el peso de la realidad (el crecimiento de otras ciudades con sus propias imágenes de modernidad, lo revelador de los mapas electorales últimos y la enormidad desorbitada de Lima) hacen que las comunidades que la integran aparezcan decididamente más diferenciadas de ese ánimo centralista. Se le ve no sólo “capital” sino “ciudad” y a la vez una ciudad más en diáogo con su contemporaneidad que con los fantasmas de su pasado o sus planes siempre fallidos. Las otras ciudades peruanas, sus modernidades y sus intensas transformaciones la hacen aparecer y ser entendida, en tanto urbe, más relativa que absoluta frente al país.

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lima ES el jirón de la unión

Mayo 4, 2009 · 4 comentarios

por más de una razón y más de una vez, el jirón de la unión se empleó como una imagen-síntesis del país. desde la trajinada y apócrifa afirmación del iqueño poeta dandy valdelomar, hasta la chapa que los sanmarquinos dieron a uno de los más transitados corredores de su campus (con su contundente abreviatura: “jirón”). antes de que hacia norte, sur, este, centro y dentro de nuestra ciudad capital se multiplicaran los bulevares, antes de los plazas, los megas, los jockeys, el jirón de la unión ofrecía en su diminuta escala y para su tiempo, el espectáculo de la confrontación. una lima corroída, afectadita y tributaria del espejismo de una edad dizque idílica (algo así decía salazar bondy), apresada, lamida y tarrajeada por la entonces “otra” lima que se le colaba de puro directa, bailándole entre las piernas, haciendola trastabillar, resistir en equilibrio con un mohín de señora descolocada, a la que de pronto se le viera el fustán, una que se le trepaba desde el primer piso de las casas y edificios, como enredadera, y se deslizaba fascinerosa, conchuda y empresarial, ocupando la calle toda, en ese pasadizo de épocas amalgamadas, inacabadas, de edificaciones nunca tocadas por la mano demasiado indulgente de nuestro peruanísimo sueño de modernidad capitalista. ese que en toda la ciudad no tuvo sino hasta tiempos muy recientes, ni pizca de la destrucción creadora que alucinaba mi tío chumpi, tan sólo limeñísimo apolillamiento, descascare y posterior renovación vía neón, parlante, jalador y claro, esos afiches que con candor y ciencia coleccionan los amigos antropólogos de la universidad católica.


el jirón de la unión, en una ciudad inmensa, pero de memorias cortas, mezquinas, sigue siendo un tiempo particular, un recorrido, un repaso. en sus años bizarros se intercalaban los tiempos de la tendida y recogida de plásticos azules sobre los que yacían en simétrica disposición casacas, gorras, camisetas, zapatillas, juguetes de cuerda, de pila, de control remoto, peines, artilugios para el masaje, casetes cuadritos pulseras que desaparecían en un enorme bulto cuando el o la vendedora tiraba de la soguilla que anudaba las cuatro puntas del plástico con que marcaba su posesión en la loseta de aquel inmenso bazar-suelo. el tiempo mágico del vendedor por demostraciones, que mareaba con su destreza en pantógrafo y en los juegos de escuadras y reglas con ruedas dentadas para deleite de los escolares y engreídos de la casa. el tiempo aún más mágico del suertero, del que te decía adivina dónde está la carta, dónde la bolita. el doble tiempo del estafador, donde la mano (en el bolsillo) es en efecto más rápida que el ojo. el tiempo olímpico del ejercitado carterista. el del cómico de la calle y sus manidas y efectivas dramatizaciones de temas de los hermanos pimpinela (olvida que existo, que me conociste y pega la vuelta!). el del sibilino llamado de la señora con la estampita, el alfiler y la colaboración voluntaria. el obnubilado tiempo del terokalero, el del sueño de los huidos del comain; el detenido tiempo del eventual loco calato, el de la chica de uniforme plomo rata y lazo blanco con el pregón nocturno chocolatebesodemoza. detrás del sonido de los altoparlantes hechizos con los restos del teléfono rin, boqueaban las tiendas de discos, la peleaban las de ternos, la recontrahacían las de revelados fotográficos, se consumían en la oscuridad modosas galerías, apestaban fruncidas salas de cine, perfumaban el aire las viejas farmacias… y todas las demás afirmaciones tipo crónica-urbana-qué-verde-era-mi-valle y estampita-de-folklore-urbano y soy-un-blogger-limeñazo-y-callejero.

hoy, aún con su remoce y sus firmas comerciales transnacionales y aspiracionales, sudorosas, por un extremo se declara la calle de las pizzas al paso, por el otro, reina de la madrugada desde las alturas del yacana. alquila celulares encadenados a la faja de una doña caderona, golpea insistentemente con una moneda, hipnotiza a los paseantes con sus pantallas LCD, ofrece tatuajes y piercing sin dolor ni complejos, flequillos para los emo, pulseras para los punks. brinda conexión en cabinas para todos los gustos y encuentros, vende peluches, rostiza pollos mientras recibe en la puerta cilindros con papa ya picadita lista para freir, baila entre dunlopillos y a todo volumen amulando a pío chiken -héroe y némesis de la ex clase obrera- anuncia cartelera variada y película de patada voladora y basuca, distrayendo a desanimados, más que serenos, jóvenes serenazgos con animados perros con bozal y capa con el escudo y los gallinazos de la ciudad.

el jirón de la unión, aún en una ciudad desmesurada, desparramada, infinita, sigue siendo una imagen primordial. un prototipo de la convivencia, de la mezcolanza, y también del desmedro, de la usura espacial, de lo precario-nuevo sobre lo luctuoso-viejo. ese viejo problema del perú. el post iba a ser a sólo a propósito de la foto, justo pensando en aquello de “una imagen primordial”. lo cierto es que ese jirón de la foto, a estas alturas, es también cruda sintésis de la ciudad de estos tiempos, también en particular de lima. dice tanto del miedo, la inseguridad, la solución defensiva, como de la marca de estatus, la nueva fisonomía de la identidad barrial y la demarcación, echa el cuento de la reproducción de la comunidad de puerta cerrada, del acceso controlado, de los condominios horizontales… también la reapropiación, la frescura, el humor, porque si, cuando pase por esa avenida de san juan de lurigancho no me metí todo este florazo, me dije jua, mirestospendejos! ¿no habría que tomarle su foto?

aquí, la nota de el comercio que hace unos días me recordó que debía escribir este post.

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